Libélulas: surcando los cielos terrícolas desde tiempos inmemoriales

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Hembra de Sympetrum fonscolombii.
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Pantano del Carbonífero.

         Antes de meternos en materia, vamos a hacer un pequeño ejercicio de abstracción: cerrad los ojos. Dejad la mente en blanco. ¿Ya? ¡No hagáis trampas, no vale abrir! Vale. Ahora, ante vuestros ojos van apareciendo árboles, árboles y más árboles hasta donde alcanza la vista. Estáis en medio de un bosque como no habéis conocido nunca.

Fósil de Meganeura.

         Literalmente, nunca. Porque las especies de plantas que os rodean ya no existen, están extinguidas. Son, en su mayoría, enormes helechos arborescentes, de más de 40 metros de altura, que apenas dejan pasar la luz. Si miráis al suelo veréis que no pisáis tierra firme, sino una suerte de agua sucia: estáis en medio de un pantano. El calor aprieta y la humedad está en torno al 100%, en un clima típicamente tropical. Respiráis profundamente: el olor es una mezcla de madera húmeda y vieja, materia orgánica en putrefacción y verde. Huele a verde de una manera muy intensa.

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Macho de Sympetrum striolatum.
Platycnemis acutipennis 03
Platycnemis acutipennis.
Gomphus simillimus 07
Gomphus simillimus.

         Al inspirar notáis algo extraño. El aire no es como el que estáis acostumbrados a respirar, y no es sólo por la ausencia de contaminación. Esto se debe a que la concentración de oxígeno en aire es de un 35%, debido a esas enormes extensiones de bosque que cubren toda la Tierra (posteriormente irá disminuyendo hasta llegar al 21% actual).

Todos vuestros sentidos están en alerta: la vista, el olfato… y el oído. No se oyen pájaros, pero eso no debería sorprenderos, pues aún quedan varias decenas de millones de años para que aparezcan. De pronto suena un potente aleteo a vuestra espalda. Parece un animal de gran tamaño pero, si hemos dicho que no hay pájaros… ¿qué narices tenéis detrás? Os giráis rápidamente y… ¡sorpresa! Os dais de bruces con un Meganeuropsis: el abuelo de las libélulas. Y vaya con el abuelo. Tiene el tamaño de una rapaz pequeña y se parece mucho a un helicóptero de juguete, parado en el aire, batiendo las alas en un perfecto equilibrio estático, mirándoos fijamente con sus enormes ojos compuestos.

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Meganeuropsis: las rapaces del Carbonífero.
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Hembra de Sympetrum fonscolombii en un campo de cereal.

         Sorprendidos, pues nunca habéis visto un insecto de ese tamaño, miráis bien a vuestro alrededor y ahora sí os percatáis: están por todas partes. El aleteo causa un estruendo que ríete tú de las hélices de los helicópteros actuales. Y todas estas proto-libélulas son gigantescas, vuelan esquivando obstáculos con precisión milimétrica, cazando otros insectos de menor tamaño en pleno vuelo. Fascinante espectáculo, el del ecosistema del Carbonífero, ¿verdad? Sintiéndolo mucho, debo pediros que volváis al presente…

Orthetrum caerulescens macho 02
Macho de Orthetrum caerulescens.
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Náyade (ninfa) de libélula.

         ¿Qué tal ha ido el experimento? Igual os parece una chorrada, pero con él quería poneros en situación para meterme ya, de lleno, en el grupo del que voy a hablaros hoy: los Odonatos. ¿Odoqué? El orden (categoría biológica) al que pertenecen las libélulas (Anisoptera) y los caballitos del diablo (Zygoptera). Actualmente no son muchas las especies que integran este grupo de insectos (no llegan a 6.000 las especies descritas), pero desde aquella Meganeuropsis que hemos estado viendo hace un rato apenas han cambiado, y eso que han pasado unos 300 millones de años. La variación más notable que han sufrido desde entonces ha sido una reducción de tamaño, como les ha ocurrido a la gran mayoría de artrópodos terrestres, debido a la disminución de oxígeno en la atmósfera (si no, posiblemente se hubiesen extinguido todos, ya que su sistema respiratorio se compone de pequeños tubitos, llamados tráqueas, por los que difunde el oxígeno hasta llegar a las células y que, a mayor tamaño del animal, más proporción de oxígeno necesitan para poder funcionar).

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Hembra de Onychogomphus uncatus.
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Hembra de Sympetrum fonscolombii.

         Podemos decir, por tanto, que los odonatos tienen una morfología bastante primitiva pero muy útil, ya que ha llegado casi inalterada hasta nuestros días (la Naturaleza es práctica, si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?). Cuando os hablé de las mariposas ya os dije cuál era la estructura básica de un insecto (cuerpo dividido en tres partes, un par de antenas, dos pares de alas, tres pares de patas…), así que hoy no me voy a entretener con eso (porque las libélulas, aunque primitivas, son insectos con todas las de la ley). Sí que tienen, sin embargo, algunas particularidades:

– Alas: las alas anteriores (delanteras) y posteriores (traseras) son prácticamente iguales entre sí, tienen muchas venas y las dejan extendidas sobre el plano de simetría cuando están en reposo. Estos tres rasgos son bastante primitivos y el último les impide guarecerse en cavidades o escondrijos cuando no están volando, al no poder plegar las alas.

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Gomphus simillimus con las alas extendidas. Como véis, son paralelas al plano.Sympetrum fonscolombii hembra 16Detalles de las alas de una hembra de Sympetrum fonscolombii. La mancha oscura de las alas se llama pterostigma.Sympetrum fonscolombii hembra 17Detalles de las alas de una hembra de Sympetrum fonscolombii.

– Antenas: a diferencia de otros grupos de insectos, las antenas de libélulas y caballitos del diablo son muy pequeñas (posiblemente otro rasgo primitivo; probablemente no capten feromonas y, al pasar la mayor parte del tiempo volando, no deben de ser muy útiles).

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A este ejemplar de Gomphus simillimus se le ven muy bien las diminutas antenas.

– Ojos: los ojos de los odonatos, compuestos (como buenos insectos que son) son enormes, ocupando toda la cabeza en algunas especies. Estos grandes ojos les son muy útiles tanto para cazar como para esquivar obstáculos o depredadores, y les proporcionan una visión muy aguda y precisa que, unido a su tamaño y la capacidad de rotación de la cabeza, les permite ver todo lo que pasa a su alrededor.

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Los ojos de esta libélula muerta ocupan prácticamente toda la cabeza.Platycnemis acutipennis 05Este caballito del diablo (Platycnemis acutipennis) no pierde detalle de lo que ocurre a su alrededor. Fijaos, de nuevo, en las pequeñas antenas.Sympetrum fonscolombii hembra 18Los ojos de Sympetrum fonscolombii destacan mucho, tanto por su tamaño como por su coloración.

– Mandíbulas: lo creáis o no, las libélulas son voraces y letales cazadores, que con unas potentes mandíbulas mastican los mosquitos, moscas y demás insectos que atrapan al vuelo.

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Esto es sólo una muda, pero vaya mandíbulas potentes tiene, ¿verdad?

– Patas: son su herramienta de caza. Largas, robustas y espinosas, con ellas forman una especie de cesta con la que atrapan a sus presas.

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¿Veis bien los detalles de las patas? Largas, fuertes, con espinas. Macho de Sympetrum striolatum.
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Náyade de libélula.
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Náyade de libélula. Como veis, son de especies distintas (pero no tengo ni idea de cuál es cada una).
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Mirad atentamente el rostro del MAL.
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Náyade de libélula.

         Y hasta aquí sólo os he hablado de la morfología de los adultos. Porque estoy seguro de que habéis oído hablar de las “larvas de libélula”. Esos seres malos malísimos, con pinta de extraterrestre acuático que, a modo de Alien, extienden una protuberancia de su boca y se la clavan a los pobres e inocentes renacuajos, dejándolos más tiesos que la mojama. Si esta es la idea que tenéis de ellas… no vais desencaminados. Las ninfas de libélula son acuáticas y se llaman náyades (como las ninfas de ríos, manantiales y fuentes de la mitología griega). Y son unos cazadores terroríficos. Su labio (una parte del aparato bucal) está transformado en un dispositivo proyectable que se aloja debajo de la cabeza: la máscara. Cuando se aproxima a una presa, dispara la máscara a tal velocidad que el incauto renacuajo (que suele ser su presa predilecta) no tiene nada que hacer. Y sí, os recuerda a Alien porque la boca proyectable del temible extraterrestre está inspirada en la máscara de las náyades de libélula.

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Esa especie de lengüeta es la tan temida máscara. Arma letal donde las haya.ninfa caballito del diabloLas náyades de caballito del diablo son más estilizadas, con menos aspecto de seres infernales.
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La antigua dueña de esta muda trepó a un helecho.

         Cuando las náyades están listas para la metamorfosis salen del agua, normalmente trepando al tallo de alguna planta acuática, y de la última muda emerge el adulto, frágil, blando y poco colorido al principio. Es en este momento cuando más vulnerables son, pues apenas pueden volar hasta que su cutícula se ha endurecido por completo.

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Cuando acaban de salir de la muda es cuando más vulnerables son las libélulas. Como esta, ni siquiera tienen los colores definidos.

A partir de este momento, cuando por fin echen a volar, pasarán la mayor parte de su vida en el aire y cazarán al vuelo, comerán (frecuentemente) volando, copularán en suspensión y pondrán sus huevos en la superficie del agua (de estanques o aguas remansadas) también desde el aire. Los adultos, sobre todo los machos, suelen ser bastante territoriales y realizan complejos vuelos nupciales y de cortejo, dignos de la más elegante exhibición de aeroplanos.

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Caballito del diablo de la especie Sympecma fusca.
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Caballito del diablo de la especie Enallagma cyathigerum.

         La cópula también es muy curiosa, ya que el macho tiene ni más ni menos que tres órganos sexuales: el órgano eyaculador, el órgano copulador y la pinza. Con la pinza sujeta a la hembra por el “cuello” (región entre la cabeza y el tórax) para que esta no se le escape (ya sabéis que la Naturaleza es muy bestia y las violaciones son algo que está a la orden del día. En contraposición el canibalismo de la hembra hacia el macho en muchos artrópodos es una venganza a la medida) mientras, con el órgano copulador, le introduce el esperma que previamente ha transferido desde el órgano eyaculador (yo no digo nada, pero según la Iglesia estarían todos los machos de libélula ciegos perdidos, no sé si me entendéis). Total, que mientras están copulando forman un ocho muy curioso.

Enallagma cyathigerum cópula 01
¿Veis lo que os decía? Cuando copulan, forman un ocho curioso. Estos son un macho y una hembra de Enallagma cyathigerum.
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Macho de Crocothemis erythraea.

         Como veis son pocas especies, pero tienen un interés enorme. Y a nivel ecológico, tanto las náyades como los adultos cumplen una importante función como depredadores, controlando las poblaciones de moscas y mosquitos, ranas, otros artrópodos con larvas acuáticas…

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Hembra de Sympetrum fonscolombii al atardecer.
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Náyade.

         Igual os habéis fijado en que hoy casi no he hecho alusiones mitológicas. Eso se debe a que he querido terminar esta “breve introducción al divertido mundo de los Odonatos” con un par de mitos y leyendas que creo (qué digo creo, sé) que os gustarán: en Japón son todo un símbolo de buena suerte y, de hecho, el nombre antiguo de las islas japonesas es Akitsu Shima: las islas de las Libélulas. En el México prehispánico, por su parte, las consideraban un símbolo de la pureza del agua (lo que demuestra que tontos no eran) y para algunos pueblos mesoamericanos eran diablos y monstruos bajados del cielo para comerse a los hombres cuando llegara el fin del mundo.

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Gomphus simillimus.

         Para cerrar, un mito bonito (vaya, rima) y esperanzador: en la mitología hindú las libélulas son las almas de las personas muertas, que esperan en la Naturaleza el momento en que les toque renacer en otro ser. Puede que no sea muy científico pero, desde luego, ejemplifica muy bien el ciclo vital que año tras año experimentan estos seres.

Zygoptera México
Caballito del diablo de la selva mexicana.Sympetrum fonscolombii hembra 11Hembra de Sympetrum fonscolombii.Enallagma cyathigerum cópula 03Enallagma cyathigerum copulando entre flores.Sympetrum fonscolombii hembra 21Hembra de Sympetrum fonscolombii descansando al atardecer.Platycnemis acutipennis 06Platycnemis acutipennis.Gomphus simillimus 09Gomphus simillimus.
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