Palmira, ¿otra perla para el olvido?

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Arco de Triunfo de Palmira.
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Desierto sirio.
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“Palmira, 25 km”
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Columnata de Palmira.
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Columnata.

         En el verano de 2006, siendo yo un adolescente quinceañero (pero ya entusiasmado por los viajes y la fotografía) mis padres decidieron, junto con unos amigos, que querían hacerse un viaje exótico y lejano con la autocaravana. Que recorrer Europa estaba muy bien, pero… pero que no, que querían algo distinto. Y vaya si lo tuvimos: la meta fue Aqaba, bucear en los arrecifes coralinos del mar Rojo en Jordania. Pero, como siempre que se viaja, lo importante no es el destino, sino el camino: ciudades míticas y vibrantes como Estambul, Alepo o Damasco, paisajes increíbles como Pammukkale, Capadocia o Wadi Rum o ruinas tan evocadoras y mágicas como las de Éfeso, Apamea, Jerasa, Petra o Bosra. Y diréis… ¿no te falta alguna?

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Templo de Bel.DSCN2735Tetrapylon al atardecer.DSCN2797Templo de Allat y castillo árabe de Palmira.
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Columnata y castillo.

         Pues sí. La más evocadora de todas (junto con la maravillosa Petra): la eterna Palmira. Esa ciudad en un oasis en mitad del desierto que puso contra las cuerdas a la mismísima Roma, cuyo Imperio no descansó hasta que colocó los grilletes y cadenas de oro sobre su reina Zenobia para llevarla triunfal a la capital. Ese cruce de caravanas, encrucijada entre Oriente y Occidente, que ha sobrevivido más de dos mil años elegante y orgullosa, alimentando las ensoñaciones de exploradores, viajeros y turistas de todas las épocas. La Ciudad Rosa.

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Columnata y castillo.DSCN2785Columnas por todas partes.DSCN2766Columnata.DSCN2720Atardecer mágico en las ruinas.
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Templo de Baal Shamin al atardecer.
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Columnata bajo la luz crepuscular.
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En primer plano, el arco de triunfo. Al fondo, el templo de Bel a la caída del sol.
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El sol se oculta tras las colinas que rodean el oasis de Palmira.

         Llegamos a ella desde el Crac de los Caballeros, el 3 de agosto por la tarde y aparcamos las autos para dormir en el hotel Zenobia Cham Palace, casi tan mítico como las ruinas mismas (dentro de las que se encuentra, por cierto): alojó a figuras de la talla de Lawrence de Arabia y Agatha Christie. ¿Y, qué decir del recinto? Pues, para empezar, que tal cosa no existía por aquel entonces. Ni vallas, ni caminos trazados, ni taquillas, ni entradas. Ni siquiera visitantes.

         Ante nosotros, nada más salir de los vehículos, se extendía una llanura cubierta por infinitas columnas en pie, salpicadas de algunos muros y templos, con la silueta del castillo árabe dominando todo desde una montaña y las torres funerarias perfilándose contra el cielo en llamas. Una puesta de sol así no se olvida fácilmente (a las fotos me remito).

         Deambular al atardecer por entre las rocas talladas, esculturas, frisos y columnas impregnados de Historia, con un cielo rojo que va cambiando a naranja hasta quedar en unos suaves morados y añil. Sin un alma a nuestro alrededor salvo los fantasmas de la Antigüedad y algún amable lugareño encantado de dar charleta (pese a no hablar inglés él ni árabe nosotros) fue haciéndose de noche en un ambiente mágico. Una de las puestas de sol más inolvidables que he vivido.

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Columnata bajo la luz del crepúsculo.DSCN2715Las ruinas bajo el cielo en llamas.DSCN2704El tetrapylon y las colinas que rodean al oasis, recortándose contra el cielo crepuscular.DSCN2702Vista de la columnata y el tetrapylon al atardecer.DSCN2718Columnata, arco de triunfo y templo de Bel se recortan contra el cielo, iluminados por los últimos rayos de sol.DSCN2712Templo de Baal Shamin ocultando la puesta de sol.
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Templo de Baal Shamin.
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Columnas y más columnas hasta donde alcanza la vista.

         Al día siguiente visitamos las ruinas a fondo, bien temprano (sobre las 6 de la mañana, para evitar los 50 grados que hacían unas pocas horas después). No haré de guía turístico ennumerando cada monumento de la ciudad, pero sí hablaré del poder pasear con total libertad por ese vasto trozo de Historia, las misteriosas torres funerarias salpicando montes y valles al fondo de la ciudad, las infinitas columnas erguidas recortadas contra un cielo azul profundo, la sensación de inmensa soledad, de desolación, bajo un sol de justicia o el imponente recinto del templo de Bel, que en su día albergó un poblado beduino entero. Son recuerdos, sentimientos y sensaciones que guardaré para siempre en mi memoria.

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Columnas y al fondo templo de Allat.teatro_composiciónTeatro de Palmira, en perfecto estado de conservación.DSCN2872Inmensas columnas del templo de Bel.DSCN2832Palmira desde la necrópolis.DSCN2815Torres funerarias.DSCN2851A través del arco de triunfo.DSCN2775Columnata y castillo.
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Fortificación del templo de Bel.
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Castillo árabe de Palmira.

DSCN2757         Es posible que nunca pueda volver a Palmira. Ya en 2006, cuando fuimos, nos tildaban de locos por meternos en la boca del lobo, con la guerra de Iraq a un lado y Líbano e Israel bombardeándose mutuamente. Suerte que no hicimos caso y, a pesar del riesgo de contagio, nos adentramos en Oriente porque, de no haberlo hecho, no tendríamos estos recuerdos. Porque, de no haberlo hecho, es posible que todo lo que hubiésemos conocido de un país tan increíble como Siria fuese a partir de documentales y reportajes fotográficos.

Porque, de no haberlo hecho, puede que nunca hubiese conocido la Ciudad Rosa que, bajo el dominio del Estado Islámico, corre el peligro de convertirse en una Babilonia más: una perla que se perdió en las arenas del tiempo, consumida por guerras absurdas, destruida por fanatismos y abandonada por quienes debían protegerla.

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Arco de triunfo.DSCN2858Templo de Bel.DSCN2856Palmira desde el templo de Bel.teatro 2Teatro.DSCN2777Agora de Palmira.DSCN2772Tariff court y agora.DSCN2769Tetrapylon.DSCN2861Templo de Bel.DSCN2811Panorama de las ruinas.DSCN2825Torres funerarias y castillo.DSCN2822Torres funerarias.DSCN2817Valle de las tumbas.DSCN2868Templo de Bel.
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4 pensamientos en “Palmira, ¿otra perla para el olvido?”

  1. Es una pena que la incultura de unos pocos locos esté poniendo en riesgo la cultura y el patrimonio de la humanidad. Yo no he tenido la suerte de poder visitar Palmira, pero creo que ya no voy a tener la oportunidad por culpa de cuatro fanáticos. Nuevamente, buenas fotos! 🙂

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    1. Yo confío en que estén más preocupados en otras cuestiones que en seguir destruyendo patrimonio. Aunque con esta gentuza nunca se sabe. Espero que en el futuro la cosa cambie y puedas ir, porque merece la pena mucho mucho. 😉 ¡Y gracias!

      Le gusta a 1 persona

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