50 sombras de Beetlejuice

     Los libros de “50 sombras de Grey” dispararon las prácticas sexuales consideradas fetiches, filias o marginales (sadismo, masoquismo, cuero…) y el reciente estreno de la película, más. Pues bien, todo eso son juegos de monjitas DSCN0522comparado con lo que pueden llegar a hacer los insectos durante la cópula. Porque la evolución ha conducido, mediante un intenso tira y afloja por el control de la fecundación, a unas prácticas sexuales de lo más peculiar entre nuestros amigos de seis patas. Para empezar, los penes de los insectos están cubiertos de púas, arpones, ganchos y afiladas dagas. Otras veces las hembras matan y se comen a sus fecundadores. Pero, ¿por qué los “momentos tiernos” entre insectos suelen acaban de forma tan brutal y desagradable?

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     Una posible respuesta está en una curiosa propiedad de las vaginas insectiles: pueden almacenar esperma. Las hembras de algunos insectos incluso pueden almacenarlo durante varios años antes de usarlo o pueden expulsar el esperma de machos que no les gustan. Los genitales de los insectos son uno de los principales rasgos seleccionados y modelados a lo largo de la evolución a través de esta competencia sexual. Las hembras (como siempre, por otro lado) eligen, así que los machos tienen que buscarse las vueltas para evitar que sean otros los que acaben dejando descendencia. En este artículo (que os traduzco y aderezo con algún chiste propio) cuentan algunas de las prácticas sexuales más rarunas o aberrantes de los insectos. Y, sin más tardanza, ahí os dejo con las mejores:

1. Torsión genital: los machos de las moscas sufren torsión genital. Sin esta torsión, el se encontraría de espaldas a la hembra y se vería arrastrado por esta patas arriba (en una pose muy poco digna y práctica). Para solucionar esto los genitales de las moscas se giran entre 90 y 180 grados antes o durante el sexo, llegando a girar 360 grados en algunas especies (como hombre, duele solo de pensarlo).

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La imagen no necesita descripción, ¿no?

2. Pene – tapón: literal. Para muchos insectos el sexo es agonía y éxtasis. El pene de muchos machos explota o se desprende, quedándose en la hembra a modo de tapón, siendo las abejas uno de los casos más conocidos (y escalofriantes): la joven reina dirige a los zánganos, en una carrera de alta velocidad que sólo uno puede ganar. El más rápido, el que tiene los mejores genes, es el que logra copular con la hembra. Durante esta cópula en pleno vuelo el pene del macho explota al eyacular y el “vencedor” pierde sus vísceras en la caída y muere de forma agónica. Por otro lado el esperma de algunas abejas se solidifica, formando una suerte de cinturón de castidad.

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Anthidium florentinum copulando (el pene de estos no explota).
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Pareja de Megachile copulando. Estos tampoco pierden el pene.

      Y en algunos casos este tapón es incluso comestible, como ocurre en determinadas especies de grillos, que “adjuntan” a su paquete de esperma (espermatóforo) un pegote de proteínas que le vendrán muy bien a la hembra (y sí, sé que tendréis una imagen mental ahora mismo bastante perturbadora, pero es lo que hay, la Naturaleza es mucho más imaginativa que cualquiera de nosotros).

3. Segundo pene: inicialmente los investigadores se quedaron de piedra al encontrarse con que varias especies de tijereta tenían un segundo pene que no apunta en la dirección correcta (evidentemente, ya que las hembras sólo tienen un orificio). ¿Para qué sirve entonces? Pues como pene de repuesto, ni más ni menos, por si el otro se rompe. Inteligente la evolución, ¿Verdad? De hecho ambos penes pueden romperse en caso de emergencia (por cierto, cada pene tiene la misma longitud que la tijereta. Que digo yo que un pene de ese tamaño no puede ser muy práctico).

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Pene de Callosobruchus analisis.

4. Penes de escarabajo: no aptos para el placer. A menos que os vayan cosas muy, muy raras. Como penes cubiertos de pinchos, clavos o estacas. De hecho estas curiosas decoraciones dejan unas marcas o cicatrices en el interior de la vagina de las hembras que permite a los espermatozoides desplazarse mejor, haciendo que los machos con penes más espinosos tengan más descendencia. Eso, y que les ayuda a permanecer enganchados durante la cópula.

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Estos gorgojos ya han terminado. Con lo graciosos que son con sus trompitas, parece mentira, ¿verdad?
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Drosophila bifurca y su esperma gigante.

5. El ataque del Esperma Gigante: la mosca de la fruta (Drosophila), habitual en cocinas y laboratorios de biología, tiene una vida sexual peculiar. Pero dentro del género, Drosophila bifurca se lleva la palma: Los machos producen espermatozoides gigantes que alcanzan casi 6 cm de longitud. Cada espermatozoide es unas 20 veces más largo que la propia mosca. Evidentemente estos bichitos tienen unos huevos bien puestos, si me permitís la expresión. Y es que sus testículos suponen casi el 11% del peso de la mosca (para que os hagáis una idea, es como si vosotros pesáis 70 kg y os pesan 7 y pico), y almacenan el esperma increíblemente enrollado.

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Intento fallido de trío entre insectos palo.

6. Penes-daga y crías caníbales: las chinches de las camas, por ejemplo, apuñalan a las hembras con unos penes muy afilados e introducen el esperma a través de la pared del cuerpo por cualquier parte. Los espermatozoides se moverán por dentro del cuerpo hasta llegar a los óvulos. Peor aún, los estrepsíteros son un grupo de insectos parásitos que vive en el trasero de las avispas. Los machos sólo viven unas pocas horas, así que no tienen tiempo para ponerse románticos. Igual que las chinches, apuñalan con su pene a las hembras y les inyectan el esperma. Lo peor para las mamás viene después: las crías que se forman en el interior las van consumiendo poco a poco hasta que acaban devorándolas por completo.

7. Insectos palo: maestros del sexo tántrico. Vamos a terminar con una curiosidad feliz. Estos bichos también usan la táctica del pene-tapón. Pero en vez de desprenderse de su pene, se quedan unidos a la hembra durante largos periodos de tiempo (hasta 79 días).

    Después de leer esto, ¿seguís diciendo que no os molan los bichos? Vale que adorables, lo que se dice adorables, no son, pero, ¿que no son la caña? ¿No os parecen increíblemente interesantes? Yo cuanto más sé de ellos, más me fascinan.

    Otro día os contaré el lado bonito de la reproducción artropodiana, el cuidado parental (que de esto los bichos saben mucho, sobre todo las arañas) para poneros tiernos y que no os quedéis solo en las “50 sombras de Beetlejuice”. 😉

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Mamá Lycosa tarantula cuida con celo a su prole.
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