Tramuntana, el alma de Mallorca

Por razones que no vienen al caso llevo varios años pasando parte del verano en Mallorca y estos días, dándole vueltas a de qué manera quería iniciar la sección de viajes del Blog me di cuenta de que la isla, en el fondo, es una gran desconocida.

Esporles (3) Camí des Correu

Port des Canonges (2)
Port des Canonge al atardecer
cala en Formentor
Cala cerca del Cabo Formentor

Cuando nos hablan de Mallorca solemos pensar, automáticamente, en varias cosas: aguas azules cristalinas, largas playas de arena abarrotadas de veraneantes, cuevas, alemanes por doquier (los mallorquines suelen decir, con un tono de humor no exento de cierta amargura, que los alemanes se creen que la isla es un estado germano más), fiesta, corrupción política, grandes hoteles… Cierto es que Mallorca es todo eso, pero también es mucho más, si se rasca un poco para quitar esa pátina de tópicos que la envuelve. 

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Porque Mallorca, además de llena de alemanes, está llena de mallorquines. Gente amable y hospitalaria a más no poder, con ese peculiar acento que ningún peninsular conoce de primeras, pero que una vez ha hecho un amigo mallorquín, será capaz de reconocer en cualquier rincón del globo. Gente que te abre sus casas sin conocerte, para los que el verano ideal es alquilar una casa junto a una calita y pasar unos días con la familia y amigos haciendo pá amb oli y caficos en la playa. Gente para los que su isla, su familia, sus amigos, su gente en general son lo primero, para los que hacer cincuenta kilómetros en coche ya es toda una expedición. Buena gente, en resumen (aún no he conocido a ningún mallorquín que sea “malo”). Y qué decir de la comida. Un buen tumbet, lomo con col, unas panades, frit de marisco, cordero o cerdo, un pescadito a la brasa recién pescado, las archiconocidas ensaimadas, unos heladitos artesanales, un turrón de almendras de la isla… Salivo sólo de pensarlo 😛 

Gorg Blau
olivo
Olivo milenario
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Cultivos en terraza

Pero si hay algo más que caracteriza a esta isla, aparte del Mediterráneo y de su gente, es la montaña: la sierra de Tramontana (Serra de Tramuntana en catalá). Esta sierra, que se alza desde el nivel del mar hasta los 1.445 m en el Puig Major, bordea por completo la costa noroeste de la isla desde Andratx, en el sur, hasta Formentor, en el norte, formando una muralla calcárea impresionante. Sierra desde Ermita

Cubierta en su totalidad de pinares y encinares salpicados de cultivos tradicionales (principalmente de vides y olivos que se despliegan en terrazas sobre el mar), y a pesar del terrible incendio que arrasó más de 2.000 hectáreas de pinares el año pasado entre Andratx y Estellencs la sierra ha preservado no solo la naturaleza (siendo el hogar de un buen número de animales y plantas endémicos, además de la principal fuente de abastecimiento de agua en los embalses del Gorg Blau), escapando a los desmanes urbanísticos que han destrozado gran parte de la costa de la isla, sino la cultura y las tradiciones. Como decía los olivares, con algunos ejemplares milenarios, y las vides en terrazas de los alrededores de Banyalbufar son preciosos ejemplos de agricultura tradicional. A su vez los pequeños pueblos que la salpican, encajonados en valles y hondonadas como Esporles (un estupendo campamento base para explorar el resto y que por cuestiones personales es mi favorito) o Sóller; colgando sobre el mar como Banyalbufar o Estellencs o coronando montes como Valldemossa (para mí el más bonito de todos) o Deià son una delicia para pasear entre sus casas de piedra con contraventanas de madera pintadas de verde, balcones llenos de flores y miradores al mar o a las montañas.

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Valldemossa
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Valldemossa

Y como no podía ser de otra manera en una isla, todos los caminos conducen al mar. A vistas del Mediterráneo que quitan el hipo (los atardeceres en la Torreta junto a Banyalbufar son mundialmente famosos, y con razón), a pequeñas calas de piedras llenas de barquitas de los lugareños (el port des Canonge, la playa de Banyalbufar con sus cascadas o la de Estellencs con sus alcobas son algunos ejemplos) y a caficos (la versión isleña de darse un baño) en aguas cristalinas sobre fondos rocosos o cubiertos de Posidonia oceanica y llenos de peces, pulpos y erizos.

cabo Formentor
Cabo Formentor

La Sierra de Tramuntana tiene mil y un rincones que se merecen, por sí solos, un artículo (no en vano fue declarada Patrimonio de la Humanidad hace un par de años) y posiblemente en el futuro se lo dedique. Algunos son más conocidos (el monasterio de Lluc, conocido como “El Escorial mallorquín”, Sa Calobra y el Torrent de Pareis o el cabo Formentor y su famoso faro) y otros menos (todas esas calitas en las que sólo hay lugareños y algún guiri perdido, esos paseos por la montaña donde no te cruzas con nadie…) pero para mí todos ellos combinan a la perfección lo que es Mallorca: Mediterráneo en estado puro.

Sierra tormenta puesta sol (2)

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3 pensamientos en “Tramuntana, el alma de Mallorca”

  1. Hola,

    Has conseguido que a un esporlerí de viaje se le quisiera saltar la lagrimita!

    Esa es la vision de Sa Roqueta que quiero enseñar cuando tengo visita de fuera y me miran como a un loco cuando les digo que vamos a la montaña!

    Cagon dei!

    Le gusta a 1 persona

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